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jueves, 27 de diciembre de 2012

No va de Rusia

                         El caballo de madera
Los niños son niños en todas partes o sea niños, y nuestro protagonista era un niño más de una época en que no había de casi nada en una España de postguerra y en una Europa en guerra que no permitía, por esta y otras razones, albergar esperanza alguna de ayuda exterior, y como todos ellos en todas partes, y quizás en todas las épocas, era feliz con una caja de cartón con una cuerda o jugando a la pelota con otros niños del barrio con una portería hecha con dos piedras que entonces eran fáciles de encontrar en la calle, lugar en donde entonces se jugaba sin mayores problemas salvo que viniera el guardia de la porra de turno, que entonces había que correr, y usando de instrumento un balón de trapos mas difíciles de encontrar que las piedras porque no estaban los tiempos para tirar nada y de esto sabia mucho nuestro protagonista porque usaba los pantalones mas que remendados de su hermano, tres años mayor, que su madre había cosido pacientemente quemándose la vista hasta las tantas de la madrugada que a otras horas su jornada laboral con cuatro hijos era intensa y parecía no acabar nunca y era imposible coser y lo hacia, como queda dicho, cuando la prole ya descansaba bien dormidita.
Aquellas mujeres de raza creo que encontraban el descanso en el silencio aunque fuera zurciendo porque no se si he dicho que nuestro amigo además de llamarse Chafi no callaba ni debajo del agua, del agua del Cantábrico que bañaba su Santander natal y nada lejos de la calle en la que vivía, llamada del Progreso, lo cual auguraba para el un futuro que no se si llegó a cumplirse pero que aun estaba muy lejos a sus cinco años y que tan poco parecía nada descabellado que fuera mejor que su presente salvo porque este niño alegre, listo y travieso, muy travieso, era feliz intuitivamente por el sencillo procedimiento de no pedir mas de lo que la vida le podía dar y no digamos a su familia que si de algo  le llenó fue de amor.
Y así pasaban los días para Chafi, nada tristes, entre trastada y trastada, subiendo y bajando las escaleras de los tres pisos con cualquier pretexto para salir a jugar en cuanto veía algún compinche en la calle, a hacer los recados a los que se prestaba voluntario o a acercarse a la taberna  en donde los parroquianos le invitaban a aceitunas y el aprendía palabrotas que luego soltaba en casa y debía de tener verdaderas ansias de aprender de todo porque esto le costaba siempre algún azote, nada doloroso por cierto, y sin embargo cada taco nuevo lo repetía con su lengua de trapo sin importarle que su madre, entre cazuelas, le soltara la mano quizás porque sabia que no podía calentarle mas de lo justo porque lo que  no podía soltar era la sartén. Todavía no conocía el propósito de enmienda.
Otra muy interesante ocupación suya era la de entrar a robar manzanas a la huerta del convento vecino, deporte de riesgo que consistía en escalar una verja metálica con agudas agujas en su parte superior, correr mas que los curas, coger las manzanas y escapar sin que le vieran la cara para que no se lo chivatearan a sus padres y contra mas convencido estaba de que no le habían reconocido mas azotes recibía en casa y no tardó en descubrir que la causa era que siempre llevaba la misma ropa.
La última vez que lo hizo, mejor lo intentó, los azotes se redoblaron porque quedó trabado de la culera del pantalón en la verja puntiaguda y hubo que bajarle y zurcir una vez más el único pantalón que afortunadamente hizo de armadura poco resistente que sin embargo evitó una grave herida. Seguro que lo que más le dolió fue el pitorreo que se corrieron sus amiguetes y la pérdida de la jefatura de la pandilla que tardaría bastante en recuperar.
Un día, llevado de su innata curiosidad e inventando no se que causa,  salió a investigar al puerto cercano y tuvo mala suerte. Se cayó al agua, lo rescataron unos pescadores de caña y para colmo le atropelló una bicicleta,  o al revés, y llegó a casa tarde, calado de agua sucia y lleno de grasa y rasponazos. Los padres preocupados por su extraña ausencia, ropa de repuesto no había y las heridas eran casi lo de menos porque le dolía mas no encontrar una excusa convincente, de hecho no encontraba excusa, y para colmo la madre ya no sujetaba la sartén lo que habitualmente la mantenía las manos ocupadas y estaba cabreada lo cual era un peligro real y mas duro que la caída al agua y ni que decir tiene que la cara de preocupación de sus hermanos no auguraba nada bueno y ayudaba mas bien poco, bueno menos la de la menor de la casa que tenia ojos de bruja como todas las hermanas pequeñas y seguro que pensaba “...te han pillado esta vez y vas a pagar por todas…”.
Quizás papá echara una mano porque en el fondo tenia la misma mirada de pícaro que el chaval y siempre dudaba entre poner freno a las andanzas de su segundo hijo o reírse a carcajadas por poco conveniente que fuera así que se solía quitar de en medio y dejaba estas cosas menudas a la madre alegando lo que los padres de la época alegaban siempre, que eran cosas domesticas y que el ya tenia bastante con su trabajo, pero esta vez también  hizo lo de siempre a pesar de las miradas de auxilio que Chafi le mandaba.
Para que contar lo que pasó, castigado sin salir más, ir a la escuela acompañado de su hermano, el postre…bueno el postre no se lo quitaron porque en aquella casa nunca hubo. Lo peor quizá fuera que nunca le quitaron desde entonces el ojo de encima y si alguna vez lo hacían solía recibir dos sopapos porque seguro que algo había hecho o lo iba a hacer.
La gota que colmó muchos vasos fue un día que su hermano cometió una trastada, hecho insólito en semejante niño, y nadie creyó que hubiera sido el por lo que Chafi recibió su dosis correspondiente pero aquel día decidió quejarse, no era justo todo aquello así que lloró, mas bien fingió llorar que no era niño de llorar, pero pensó que esta era la única forma de protesta que le quedaba y aun con poca convicción lo hizo ante la rechifla de su hermano algo jesuitón y que ni por lo mas remoto pensó que la respuesta del pequeño seria darle otro par de bofetones bien merecidos. Su hermano, mas bien acusica, lloró desesperadamente para llamar la atención de mamá y con la esperanza de que nuestro protagonista recibiera otra ración de calor pero claro para cuando llegó la madre ya había salido  corriendo escaleras abajo a esperar a su padre que algo haría para poner paz. Chafi nunca seria un chivato pero no estaba dispuesto a aguantar más que lo suyo que ya era bastante.
La familia tenia un amigo carpintero de nombre Paco que tenia su taller una calle mas abajo con el que sin duda comentaron las andanzas de este hijo que les volvía locos y un buen día Chafi recibió una propuesta irrechazable: Paco le haría un caballo de madera si en un periodo de tiempo razonable no volvía a decir tacos, ni a liar ninguna  ni a sacar de quicio a la maestra que aunque reconocía que era el mejor alumno ya no sabía que hacer para que estuviera quieto y no alborotara la clase.
Nuestro amigo se propuso no perder aquel caballo de ninguna de las maneras y pensó muy seriamente en ser muy bueno aunque no sabia como porque en realidad el ya lo era, simplemente no le entendían porque el no veía nada malo en lo que hacia, pero teniendo en cuenta que los mayores son muy raros, y su hermano también, se dijo que haría lo que le dijeran aunque no supiera por qué aquello era mejor que lo que a el se le ocurría que además solía ser genial.
No pasaron muchos días  y ya andaba preguntándose cuanto se tardaría en hacer un caballo así que ni corto ni perezoso se fue al taller de Paco a averiguar este extremo que ya tenia ciertas urgencias porque lo de ser bueno era muy aburrido y al menos el caballo le compensaría y tuvo una respuesta convincente: el caballo ya estaba hecho pero el problema era que tenía que crecerle la cola y eso era mas lento así que se fue para casa dispuesto a seguir siendo bueno aunque aburrido no sin antes pasar por un almacén de carreteros que había detrás de su casa y en donde algunos caballos también eran buenos porque parecían aburrirse comiendo algarrobas de un saquito que les colgaba del cuello y en el que, sin ningún miedo, metió la mano dispuesto a hacer acopio de este manjar caballar por si los de madera también comían de aquello que tener un caballo no era cualquier cosa y había que estar preparado.
Algo no le encajaba porque en su visita a la carpintería no vio ni por asomo nada parecido a un equino salvo algún gato que solo tenia en común con lo que buscaba lo de las cuatro patas así que empezó a maquinar como adentrarse en el local sin ser visto y fisgar a placer hasta dar con su apetecible regalo aunque fuera sin cola y la solución estaba clara, entrar por la pequeña gatera después de que Paco se fuera a casa a eso de media tarde, media tarde que no estaba claro cuanto de media tenia porque en su casa solo papá tenia reloj, un reloj traído de África cuando hizo la “mili” que, por cierto,  no sabia lo que era.
Dicho y hecho. Solo había que espiar al carpintero y esperar sin ser visto a que se fuera.
Entrar fue fácil, explorar aquello debió ser como cuando los héroes de los tebeos iban a tierras lejanas pero tras mucho buscar no apareció ni rastro del caballo, se hizo de noche y desalentado se dispuso a salir pero solo se dispuso porque nadie sabe como entró pero lo de salir…..Se quedó trabado de cintura para abajo, pataleó, tiró para dentro y para afuera y nada. Los nervios se apoderaron de el y se hizo noche oscura. Empezó a gritar asustado y al cabo de no se cuanto tiempo pasó un vecino que consiguió sacarle hecho unos zorros.
 El hecho no seria necesario publicarlo en la hoja parroquial porque la entrada en su portal con todos los vecinos movilizados para encontrarle y los gritos de la madre al verle no lo harían necesario.
Chafi grande en la Plaza Roja
Lleno de arañazos, los pantalones rotos otra vez que ya no quedaba ni tela por donde zurcir, polvo, virutas y serrín por todo el cuerpo….y lo peor de todo que no había caballo ni cola ni nada. Ya no le dolían los azotes, le dolía la primera decepción de su vida.
Chafi era un niño como son todos los niños en todas partes y en todas las épocas y si no fueran así poca esperanza le quedaría a la Humanidad.

13 comentarios:

  1. ...correr mas que los curas... Pobre Chafi, lo que me he reído con sus desventuras.

    Isi.

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    1. Todos los relatos son reales, este también claro y me alegro que le haya gustado.Gracias por seguir este blog que volverá en breve a sus origenes sin olvidar ni mucho menos esta linea que me está dando tantas satisfaciones.

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  2. Con la que está cayendo esta es una historia que puede ayudarnos a desdramatizar la situación. Nada mejor que los ojos de un niño inocente para darnos cuenta de lo sencilla que puede ser la vida y de lo mucho que nosotros la complicamos con esta sociedad que hemos construido. Los niños de antes, que éramos tan felices con tan poco, somos los adultos –ya peinando canas- de ahora, que tan infelices y atormentados vivimos. Es un acto de valentía desnudar el alma, máxime cuando eres consciente de que el blog ha tenido 16.000 entradas. ¡Casi nada! Escribir cosas que –aún habiendo formado parte de nuestra vida en algún momento- nos son ajenas, porque no rozan nuestro estatus social actual, es algo sencillo y no es comprometido. Hacerlo desde el alma, es abrir un nuevo camino hacia la felicidad, por mor de la sinceridad, de las cosas sencillas, de nuestra parte más humana. Para sobrevivir hay que ser lo que ahora se dice “políticamente correctos” –si es que alguien sabe exactamente en qué consiste eso, y desnudar el alma públicamente no cotiza en el mercado. Nos hemos instalado en un mundo insensible, convencional, materialista, nada mejor que los ojos de un niño para despertar el alma dormida. Decía El Principito “Conozco un planeta en el que vive un señor muy colorado. Nunca ha olido una flor. Nunca ha contemplado una estrella. Nunca ha amado a nadie. Nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día diciendo: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!”, lo que le hace hincharse de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!.” Chafi, niño, sí ha olido una flor y contemplado las estrellas, tomemos por un momento, por ese que dura la lectura, su mano y seamos el niño feliz que él ha sido, incluso sin su caballo de madera.

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    1. Es mas bonito su comentario que el relato.Mis hermanos me llamaban Chafi y parece que vuelvo a serlo , con achaques, canas....Debe de ser verdad que los mayores nos volvemos como niños afortunadamente.
      Muchas gracias por su comentario
      Saludos
      Rafael

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  3. Le pido disculpas, don Rafael, por tratarlo de "tú", ya que nos responde tratándonos de "usted". Lo que sin duda, crea una barrera en este mundo de internautas en el que por costumbre, tal vez por la proximidad que supone compartir las mismas cosas, todos somos "tú", sin que ello se pueda interpretar como falta de educación o respeto. Le reitero mis disculpas por el atrevimiento.

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    1. El tu está bien sobre todo entre gente joven, es decir, menor de cien años.Disculpame por no conocer estos usos y costumbres internautas.
      Te deseo una buena tarde.

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  4. Absolutamente seductor este relato,él cuál me suena y mucho!!!!!!!

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  5. Gracias Rafael, me ha gustado mucho tu libro, una vida muy interesante la tuya...

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    1. Me alegro mucho.En cuanto interesante.. no mas que la de cualquier otro...todos tenemos vivencias ...Muchas gracias amigo.

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  6. Да, у каждого ребенка, в какую бы ни было эпоху, своя любимая игрушка, которая дарит ему неподдельную радость... Наверное, за всю историю человечества спектр наших чувств изменился мало, - меняются только обстоятельства, подтверждая основной закон философии о развитии по спирали... Кажется, нет ничего нового в том, что в детском возрасте каждого настигает первое разочарование, первая душевная боль, первая попытка дать свою оценку происходящему. Возникает вопрос: если все известно, тогда чем привлекают нас подобные рассказы? Тем, что каждый случай индивидуален, что у каждого свой опыт, от которого иногда зависит, каким Человеком быть на земле? А главное, заставляет задуматься над тем, что удивительный мир детства не такой уж беззаботный, как нам, взрослым кажется. И мы в ответе за то, чтобы детская доброта и непосредственность имели место и во взрослой жизни...

    ( Sí, cada niño, en cualquier época, tiene su juguete favorito, que le regala la alegría sincera... Probablemente en toda la historia de la humanidad gama de nuestros sentidos ha cambiado poco, - sólo cambian las circunstancias, reafirmando la ley fundamental de la filosofía acerca del desarrollo de la espiral... Parece que no hay nada nuevo en el hecho de que en la infancia de cada alcanza a la primera decepción, el primer dolor del alma, el primer intento de dar su valoración de lo que está pasando. La pregunta es: si todo lo que sabe, entonces, que atraen a estas historias? El hecho de que cada caso es diferente, que cada uno tiene su experiencia, de la que a veces depende de qué tipo de Hombre estar en la tierra? Y lo más importante, nos hace reflexionar sobre el hecho de que el maravilloso mundo de la infancia no es tan idílica, despreocupado como parece. Y debemos ser responsables de lo que la bondad de los niños y su sinceridad se mantuvieron también en la vida adulta...)
    Очень понравился Ваш стиль написания и тема.
    (Простите, в переводе на испанский, наверное, много ошибок )))
    Лучшие пожелания *)
    С уважением
    Ольга Глапшун

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  7. Hola Rafael, me ha gustado mucho el relato del pequeño Chafi, aunque de una epoca anterior a la mia, me siento un poco identificado por el robo de manzanas, a mi me pillaron robando cerezas y recuerdo aquel momento de angustia y temor a la reprimenda, seguramente igual que Chafi. En fin Rafael, le a escribir y espero que encuentre la inspiracion .

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  8. Rafael, gracias por tu relato, me he visto reflejado en el, no tanto en las travesuras, como en las penurias, pantalones remendados y heredados de hermanos, etc. Un abrazuco.

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